jueves, 30 de octubre de 2025

LA ESCULTURA DE JOMI: DE LO ORGÁNICO A LO SURREAL Y MEDIOAMBIENTAL

 Veo la fibra como el elemento básico que construye el mundo orgánico de nuestro planeta, como el mayor misterio de nuestro entorno. De la fibra se construyen todos los organismos vivos, el tejido de las plantas, las hojas y nosotros mismos.

Magdalena Abakanowicz


Cuando contemplamos la obra de José Manuel García Sánchez más conocido como JOMI, nos sentimos transportados a tiempos idos, en los que la materia viva estaba ligada al misterio y por lo tanto a lo extraordinario o a lo sagrado. Como dice la escultora Magdalena Abakanowicz, la fibra (entendida como base para diversos materiales orgánicos) es uno de los mayores misterios de nuestro entorno y la ciencia sigue develando muchos de sus secretos. Y, pocos seres humanos como JOMI son conscientes de ello, trasladando sus preocupaciones estéticas y conceptuales a la transformación de distintos tipos de madera para lograr un viaje que va desde lo orgánico a lo surreal y lo medioambiental. Si examinamos su arte desde el punto de vista histórico encontraremos varias coincidencias, lo cual no es raro ya que el recorrido artístico de la humanidad es como una espiral que va tomando del ayer y proyectándose al futuro. Y, si lo examinamos desde las profundas pulsiones biológicas del ser humano -sobrevivir y reproducirse- nos encontraremos con nuestra necesidad de buscar el placer y la recompensa en el simple hecho de existir, contemplar o disfrutar de ciertas formas, texturas, concavidades o convexidades que nos llevan a los inicios de la vida como a los trilobites o a fósiles vivientes como el nautilus. Así es el arte escultórico de JOMI: pleno de sensualidad orgánica pero también de formas surreales que nos transportan a la prehistoria, cuando la vida de nuestros congéneres era lo más importante e insustituible, siendo nuestros predecesores extintos una prueba de lo delicado que es permanecer sobre nuestro planeta. Si observamos los ídolos de piedra o hueso que han dejado nuestros antepasados, nos sorprenderemos al encontrar la misma preocupación por las formas orgánicas en JOMI. Porque, aunque nuestro contexto ha cambiado rápidamente gracias a la tecnología, seguimos siendo seres sensibles que nos emocionamos con las texturas, las formas, las sinuosidades o las incógnitas que nos plantea el trabajo de este escultor que aún siendo posmoderno, está unido a lo ancestral.

Como sabemos, en todas las religiones primigenias hubo un culto divino a la sexualidad, lo que se refleja en las diosas, los monolitos, la cerámica o los relieves de distintas culturas. Ahora, en un planeta sobreexplotado e invadido a diversos estratos por una humanidad inconsciente de su responsabilidad para con el futuro, parece que no valoramos tanto la existencia como seguramente se hacía en nuestros primeros tiempos, cuando éramos pequeños y cercanos grupos nómadas. JOMI nos habla con sus obras de volver a valorar la vida en todos sus niveles, desde lo humano a lo animal o vegetal, desde lo macroscópico a lo mínimo o aparentemente insignificante. Porque todo está unido en la cadena de la vida y cada elemento cuenta en el juego de la evolución. Si bien desde el punto de vista surrealista el arte podía ser un producto del subconsciente o las tendencias instintivas y algunos artistas realizaban pintura automática o escultura orgánica, JOMI parte de su singular surrealismo para dar un salto hacia algo de candente actualidad como son los desastres ambientales, ya que nos comunica -por medio de metáforas- su preocupación por la naturaleza y por el devenir de sus habitantes.

Si examinamos tanto sus obras como los nombres de sus series, encontraremos pistas que nos conducen a corroborar el interés medioambiental de este artista, como "Nidos en Equilibrio" o "Bebedero para Pájaros", "Vía de Eskape" o "Vía de Acceso" y algunas alusiones metafóricas al desastre que estamos perpetrando como especie: "Enajenación" o "Cruci-ficción". Quizá el hecho de vivir en Trujillo de Extremadura, con la naturaleza circundante y con la historia a cada paso, le han permitido reflexionar en lo efímero que es todo y en la belleza que se encuentra en la más recóndita flor o en el ave condenada a la extinción. Sus obras son trampantojos que sólo pueden ser comprendidas por aquellos que se detengan a interpretar los profundos juegos de figura/fondo o lo evidente/escondido que guardan en su cuidadosa y singular transformación. El placer está en lo desconocido, en lo incomprensible e inalcanzable nos susurra la obra de JOMI. Parece que nos quiere provocar, azuzar, inquietar y sacudir. Y, lo logra con creces, ya que su arte no nos deja indiferentes. Muchas veces el arte es un medio para despertarnos, para interrogarnos y movernos a la acción. JOMI lo logra con cada hoja, fruto, agujero, vórtice, nervio, fibra o bloque que sale de sus manos con la pasión y el compromiso del que ha comprendido que el arte viene de la naturaleza y debería cantar a sus maravillas apoyados en nuestras conexiones neuronales y culturales, para corresponder a lo que nos brinda. Es decir, no sólo pedir sino cuestionarse como lo hacía en este ecológico poema Emily Dickinson:

Robé a los Bosques, / los confiados Bosques, / los Árboles desprevenidos

 mostraron sus Frutos y sus musgos / para agradar mis delirios.

Escudriñé, curiosa, sus adornos, / se los arrebaté, me atreví a robar.

¿Qué dirá el solemne Abeto? / Y el Roble, ¿Qué dirá?

Mª del Socorro MoraC

Doctora en Bellas Artes De la Asociación Española de Críticos de Arte / Asociación Internacional Críticos Arte Spain

No hay comentarios:

Publicar un comentario